Sueño con Jamaica (Javier Ortiz)

•28 Abril 2009 • Dejar un comentario

Sueño con Jamaica (Javier Ortiz – javierortiz.net)

Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.

La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.

Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y esos es todo, y nadie le da más vueltas.

En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.

Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.

Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.

Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.

Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.

Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.

Jamaica o muerte. Venceremos.

Prácticas carcelarias (Juan José Millás)

•27 Abril 2009 • 1 comentario

Prácticas carcelarias (Juan José Millás)

¿De dónde salta uno cuando salta desde la ventana de un quinto piso? Ésta es la pregunta: ¿desde dónde se arroja la gente? Hace poco, una cría de 14 años se tiró de un coche en marcha cuando era trasladada a un centro de menores. Se mató, claro. Tuvieron que velarla con el rostro tapado porque se lo había destrozado en la caída. Intenta uno meterse en la cabeza de esa chica y se desespera. ¿Se tiró en realidad desde el automóvil? Si uno pudiera arrojarse desde sí mismo con la facilidad con la que se arroja desde un ático, estaría la calle repleta de yoes. A veces trato de imaginar que es posible subir hasta la cabeza del propio cuerpo y saltar al vacío desde los orificios de las narices, o de las orejas, o de los ojos, de manera que el cuerpo quedara intacto, pero que tú quedaras aplastado sobre la calzada.

Pero no hay manera de matarse a medias. O te suicidas con el cuerpo o no te suicidas. El yo es listo (el superyo más), y se ha pegado a la carne de tal modo que no se pueden separar. No hay forma de arrancar el yo sin hacer un agujero en el organismo como no hay forma de separar la cara de la cruz. No hay muertos en vida. Por deprimido que te encuentres, el yo está ahí, acechando, defendiéndose, manifestándose. El yo necesita yoyear como las pistolas necesitan disparar. Si hay pistolas, hay muertos. Si hay cuerpos, hay yo. ¿Desde dónde salta el yo cuando se arroja al vacío desde una torre? ¿Es posible que todo remita a algo, que todo sea representación de algo?

Cuando el crack del 29, los millonarios se arrojaban al vacío desde la parte superior de los rascacielos. En la medida en que el rascacielos es un símbolo fálico, podríamos decir que saltaban desde el extremo más alto de su pene. Eso es gracioso, mire usted. Hay personas que se suicidan desde su sexo y hay personas que se suicidan desde su mente. No sabemos cuál de los dos suicidios es más intelectual (las apariencias engañan). El correccional al que llevaban a la cría citada más arriba había sido denunciado por el Defensor del Pueblo por sus malas prácticas. Quizá la chica saltó en apariencia desde el coche y en la realidad desde una práctica carcelaria. Qué raro. Y qué liberador.

(fuente: La Opinión de Granada, lunes 27 de abril de 2009, pág. 72)

No soy (Basilio Pozo-Durán)

•11 Abril 2009 • 3 comentarios

No soy (Basilio Pozo-Durán)

Ser es creerse la creencia, conocer el dolor del verbo, caer hasta el uno. No soy. Ahora estoy, como río que sólo puede estar. Estoy ahora. No soy.

Me gustaría celebrar que nadie es, pero no tengo con quien alzar mi copa. Porque en realidad hay muy poca gente. La mayoría es. Sólo algunos se atreven a estar. Sólo estos últimos son gente para mí.

Ni por costumbre, ni por búsqueda ingenua del sentido, ni por las palabras. Yo por lo que me desvivo, me desexisto, es por estar. Ahora estoy, no soy. Estoy ahora.

Como pobre diablo desheredado del paraíso por un pecado excesivo: no reconocer culpa, ni sustancia esencial, ni cielo de sumisos.

Sólo el olvido me expulsará al infierno: ni el miedo, ni la memoria, ni el deseo. Sólo el olvido que, llegado el día, no me dejará estar.

O tal vez sea el olvido lo que me salve de esa sucia degeneración del estar: permanecer.

Ser es creerse la creencia, conocer el dolor del verbo, caer hasta el uno.

No soy.